Arte Zoo por Magdalena Tomás

31.01.2012 22:00

 

El Jardín Zoológico es un paseo porteño rico en muestras de arte tales como piezas escultóricas (originales o copias), edificios de estilo y fuentes ornamentales.

 

En los tiempos de su primer director, el Dr. Eduardo L. Holmberg (1888-1903), con el jardín Zoológico ya ubicado -desde 1888- en el mismo predio que hoy ocupa entre las avenidas Sarmiento, Libertador, Las Heras y la calle República de la India, se había iniciado el ambicioso proyecto, continuado por Clemente Onelli (1904-1924), de dotar al lugar de edificios monumentales, inspirados en los estilos arquitectónicos propios de los países donde habitaban los animales allí expuestos.

 

Al iniciar el recorrido, y al atravesar el pórtico de entrada, nos encontramos con el estilo clásico romano: Una copia, en tamaño menor, del Arco de Triunfo de Tito, que se admira en la Vía Sacra de Roma. A pocos metros de allí, en una pequeña península del Lago Darwin, se yerguen siete columnas, que se conocen con el nombre de Ruinas Bizantinas. Se trata de elementos arquitectónicos legítimos. Fueron comprados en Trieste y donados por el pintor y crítico de arte argentino Eduardo Schiaffino.

 

 

 En 1909, se construyó una copia del Templo de Vesta, que está en Roma. El mismo estaba destinado a sala de lactancia –algo muy reclamado por las señoras- y fue por mucho tiempo el único edificio corintio que existió en la Capital Federal.

Retomando el camino, podríamos detenernos frente a una elevada construcción que se conoce como Jaula de los Cóndores y Águilas. Con su base ancha y su torreón central, hace recordar inmediatamente a la Torre Eiffel. Otro bellísimo edificio es la Casa de los Loros, o Lorera. Es una construcción de estilo morisco con una cúpula aguzada, que brilla bajo los rayos del sol, con matices irisados y tiene detalles realizados con azulejos, tan del gusto de los arquitectos árabes llegados a España. Las llamas y los cebúes descansan en un Templo Indostánico, que data de 1901.

 

El Palacio de los Elefantes, obra del arquitecto

Cestari, es una réplica del Templo de la Diosa Nimaschi. Las estatuas de la columna de enfrente representan a Kartikeya, dios indio de la guerra, y la otra es copia de la escultura que se yergue en el templo de Bhuwaneswor, dedicado a ese dios hindú. A su vez, en las puertas se observan nichos que son copia de los que existen en la pagoda de

 

Modura. Los numerosos bajorrelieves representan escenas de los Vedas o escrituras sagradas, base de la religión india y relacionados con los dioses Siva y Visnú.

 

A orillas del Lago Burmeister, fue construida una Pagoda Japonesa , para albergar ciervos típicos de ese país. Admirador del arte egipcio Eduardo L. Holmberg, no pudo evitar hacer un pequeño Templo Egipcio, actualmente habitado por curiosas suricatas.

 

Cerrando el paseo y ya sobre la Avenida del Libertador, se ve una magnífica construcción que recuerda a los castillos medievales, ventanales en ojiva, foso, torreón y almenas. Lugar destinado a los osos polares, actualmente remodelado, en su interior reproduce las condiciones de la selva subtropical. Viven aquí insectos, anfibios, aves y reptiles. Se pueden observar serpientes gigantes llamadas anacondas.

 

Rodea el predio una reja de estilo versallesco, fabricada en Europa en el año 1895.

 

 

 

La Profesora Magdalena Tomàs pertenece al Depto. de Literatura de la Universidad Argentina John F. Kennedy. Las fotografìas de este ejemplar son de su autorìa. 

 

 

 

 

Fuente:

 Historia del Jardín Zoológico Municipal, de Diego del Pino. Colección Cuadernos de Buenos Aires (Nº 55). 1979. 

 

Buenos Aires, Ciudad Secreta, de Germinal Nogués. Editorial Sudamericana, 1999.