La valentía de ser creativo por Paola Argañaras
“Un persona que nunca cometió un error jamás probó nada nuevo”
Albert Einstein

En los últimos años ha sido frecuente escuchar “la escuela (en nuestro caso la Universidad) debe ser creativa para atrapar a los chicos”. Como corolario “al docente le corresponde ser creativo y al estudiante dejarse someter por la creatividad”. Es decir, que la aventura que significa crear se ha convertido en un mandato social, un salvavidas para rescatar la educación, una red para aferrar a los alumnos.
Sin embargo esta manera de entender el procesó creativo hace perder su esencia, su espíritu renovador, para transformarse en una obligación que debemos cumplir dentro de un proyecto determinado. Esto genera miedo e incertidumbre, nos preguntamos ¿cómo me convierto en una persona creativa? Ante todo, debemos entender que cada uno de nosotros puede desarrollar una actitud creativa, siempre que nos alejemos del concepto entendido como una “disposición divina”. Una manera de enfrentar ese temor es capitalizarlo para abrir nuevos caminos y generar alternativas dentro del aula. Se trata de tener la valentía para crear.
Pero ¿crear a partir de que? Indudablemente no hay una única y solemne respuesta para ello. Cada uno irá encontrando y probando, en su práctica diaria, las estrategias para encarar las tareas desde una mirada creativa.
Ser creativo no significa convertirse en un mago dentro del aula y sorprender continuamente al público sacando conejos de galeras o haciendo desaparecer objetos. Se trata de presentar los temas de manera nueva, novedosa, haciendo giros inesperados. Relacionar temas que hasta ese momento parecían inconexos y ayudar a establecer nuevas relaciones. Probar actividades nuevas sin temor a equivocarse o ponerse en ridículo.
No hace falta realizar obras grandilocuentes, sino simplemente hacer referencias a películas o libros y vincularlos con el tema que se esta analizando; o presentar un juego para comprender lo que se esta estudiando y de ésta manera resolver un problema; o quizás mostrar una obra de arte y encontrar los elementos que expliquen un situación social determinada; o leer un texto como disparador de nuevas reflexiones que generen debates y discusiones. Se trata de crear un ambiente donde la posibilidad de pensar opciones este abierto a todos lo que intentan experimentar la “osadía” de tener una actitud creativa. Este espacio se irá construyendo dentro del aula, clase tras clase, en la medida que se vayan creando lazos de pertenencia dentro del grupo y con el objeto a estudiar. El compromiso será el fundamento de la labor creativa.
Si bien generar un ambiente creativo lleva trabajo, esfuerzo y responsabilidad es necesario dejar momentos donde la improvisación y los estímulos externos funden nuevos problemas. Los problemas se convertirán en la materia prima del acto creativo. Hay que evitar que el conformismo logre entrar en nuestro proceso de enseñanza aprendizaje y limite nuestra posibilidad de expresar nuevas inquietudes.
Aprender en forma creativa implica un trabajo de exploración y experimentación, por lo tanto ser curioso será otro de los elementos que conformarán nuestra receta para crear un espacio creativo en el aula. Estar abierto al mundo que nos rodea y el estar interesado en saber sobre él nos impulsa a la investigación y reflexión; es decir que cuando nos deleitamos con lo extraño y lo desconocido nuestra actitud creativa se activa.
Entonces, para comenzar a tener el coraje de ser creativos necesitamos: reconocer los problemas sobre los cuales trabajaremos, adquirir una actitud de compromiso frente al desafío, y permitir desplegar la curiosidad para animarnos a investigar, reflexionar y pensar respuestas.
Para alcanzar esta situación podemos empezar desarrollando cuatro instrumentos. Primero, permitir tener confianza en la capacidad creativa del grupo con el que estamos trabajando; es decir valorar los esfuerzos y las intuiciones de cada uno de los integrantes de la clase. Para lograr este aspecto será necesario eliminar todo tipo de crítica destructiva, ya que las censuras pueden levantar un muro de miedo, es por ello que lo consideramos la segunda herramienta. Hay que aprender a apreciar las ideas, pues de la relación dialéctica que surjan entre ellas podríamos encontrar las soluciones esperadas. El tercer instrumento será la observación. Tener la capacidad de estar atento a todas las ideas, gestos, oportunidades que se presentan, y a la vez generar nuevas a partir de estas observaciones precisas. Y por último, usar estas reflexiones para generar nuevas preguntas que nos darán respuestas, o quizás abran a nuevos problemas que deberemos encarar a partir de una actitud creativa.
Ser creativo significa asumir riesgos. Para encontrar la originalidad es necesario hacer a un lado las condiciones autoimpuestas y aventurarse a la búsqueda.
El proceso creativo es un encuentro entre ideas, problemas, soluciones, opiniones, dificultades. Si ese encuentro se logra realizar a partir de lo sucedido en las aulas hemos alcanzado el objetivo de la educación, ir creándonos a nosotros mismos.
