Los medios de comunicación en el nuevo siglo ¿Cambios o continuidades? por Cecilia Pelle

31.01.2012 22:12

 

Es innegable el acelerado crecimiento de las nuevas tecnologías de comunicación y los medios masivos que ellas permitieron desarrollar en las últimas décadas del siglo XX y al comienzo de este siglo.  Pero, si bien es cierto que la velocidad de los cambios es una característica de estos tiempos –según afirma Paul Virilio-  es necesario remontarse  a los inicios del siglo XX, cuando ya existía el cine y recién comenzaba la radio como medio de comunicación masivo por excelencia, en 1920, para dar lugar a la televisión en la década del ’50.  Lejos de abandonar a los medios anteriores, la sociedad fue integrando los nuevos medios y los “viejos” se fueron reubicando.  En efecto,  como afirma Mirta Varela en su texto, la televisión tuvo una marcada continuidad con la radio, tanto en las condiciones de producción (géneros, estilos,  formatos), como en la recepción (el primitivo gran aparato de TV, pasó a ser el centro de la familia y amigos, lugar antes ocupado por la radio).

     Por lo tanto, en la actualidad, estamos dentro de un proceso de cambio en la historia de los medios y la comunicación social, que todavía no ha concluido; razón por la cual se nos dificulta su análisis - según sostiene Varela- porque nos encontramos inmersos en ese proceso.

     A pesar de ello, al interpretar estas transformaciones en la vida social y cultural, se levantaron varias voces; por supuesto, muchas en contra y otras a favor.  Para algunos pensadores, por ejemplo, estamos asistiendo a cambios radicales e inéditos; mientras que otros sostienen que en realidad no hay una “ruptura”, sino una integración o continuidad de los viejos medios y dispositivos, con los más modernos.  Dentro de los primeros se encuentran los seguidores de los teóricos de la Escuela de Frankfurt y la de Birmingham.  

     Pero en una posición más “integradora” de los medios,  Mirta Varela señala:  “En lugar de considerar los medios actuales como producto de una ruptura radical con los anteriores, entiendo que los medios actuales son producto de una historia previa y que llevan inscriptas las huellas de esa historia (…)”#

     De hecho, la autora afirma que si bien hay cambios, los viejos medios nunca mueren, en todo caso se adaptan, se reacomodan.

     Tal es el caso del diario, por ejemplo.  Hace algunos años, cuando recién comenzaba Internet, se auguraba la “muerte”  del diario impreso, del periódico.  Sin embargo, lejos de eso, hoy convive el diario digital con el de papel.  Aunque el diario en Internet adaptó su formato, ya que se ofrece en distintos medios:  no sólo gráfico, sino también con audio y video (como radio y televisión).  De esta forma, responde a la lógica de intertexto, que se presenta en la red, o más bien hipertexto –concepto elegido por Nicolás Nóbile, para designar a la característica de lectura “no lineal” que proponen las páginas de la Web y que las diferencian de los anteriores textos de los libros impresos-.

     También Eliseo Verón, en una entrevista que le realizó Luis Alberto Quevedo, afirma que hay una suerte de adaptación e integración entre medios “nuevos” y los preexistentes, que destacan su carácter híbrido.  

     Verón sostiene la hipótesis de que en la TV la imagen no es tan importante como el sonido, debido a la práctica social generalizada de utilizar a la televisión como “fondo” –mientras se realizan otras actividades, como cocinar, planchar, estudiar, etc.-, rol que antes ocupaba la radio (aunque lo sigue ocupando en muchos casos).  Según el autor, si alguien conoce los personajes de una telenovela o una serie, por ejemplo, se puede seguir la historia sin necesidad de “mirar” la pantalla.  Quizás esto sea válido para algunos géneros, aunque en otros el carácter espectacular de la imagen hace imprescindible la mirada; por ejemplo en un noticiero, sobre todo en noticias de catástrofes naturales –como un terremoto, inundación, erupción volcánica, etc.-  Sin embargo, coincido con Verón en que las imágenes del noticiero televisivo se repiten y son algo escasas, en relación con el tiempo que se le da a los conductores o periodistas frente a las cámaras.

     A pesar de que hay muchos cambios en las prácticas de mirar televisión, considero que si bien es cierto que muchos receptores no están constantemente atentos a la pantalla, se vuelven hacia ella cada vez que hay algo que les interesa o les llama su atención.  Parece que el hecho que tengamos tanta información disponible nos hiciera “navegar” y seleccionar sólo una pequeña parte de la misma para no ahogarnos.

    Precisamente, en un punto en donde coinciden Eliseo Verón,  Mirta Varela y otros autores,  es que el gran cambio se da en Internet, sobre todo en algunos sitios como You Tube, donde los receptores se vuelven emisores; es decir que son ambas cosas a la vez.  Entonces, el término “broadcasting” deja de tener sentido,  porque justamente esa palabra se comenzó a utilizar para aquellos mensajes que eran enviados por un único emisor hacia un gran público receptor (como la radio y la televisión).  En cambio, ahora existe la posibilidad de que cualquier persona pueda “subir” un video, fotos o textos propios –o ajenos- a la red de redes.  Estamos frente a una verdadera innovación en materia de medios,  especialmente si esos videos caseros son tomados por los medios masivos (por ejemplo, la televisión) y transmitidos a todo el mundo.  Existen muchos casos de imágenes captadas por aficionados, que luego son noticia.  De hecho, los mismos noticieros –como el de canal 13, por ejemplo- invitan a los receptores a convertirse en “cazadores de noticias”, es decir en emisores.  Pero no parece que este fenómeno responda a una “democratización” del momento de producción, sino más bien a una forma económica –es decir, gratis- de obtener noticias de primera mano, que sean verdaderos “hechos ruptura”, que rompan con la cotidianidad, que salgan de lo común; según el concepto de Rodrigo Alsina .#

     Ese sí es un cambio importante que se está observando a partir de la expansión de Internet: la redefinición de los roles de emisor y  receptor.  Al menos por ahora es la tendencia que tiene este nuevo medio de comunicación.  Sin embargo, ¿es un cambio radical?  ¿De qué manera afecta la vida cotidiana de las personas?  ¿Navegar por Internet es una práctica de toda la sociedad?

     En principio, disponer de Internet no es algo que esté tan generalizado en nuestro país.  Realmente hizo un “boom” en los últimos años –en especial por la multiplicación de cibers, que facilitó la banda ancha-, pero aún no todos tienen acceso a Internet en Argentina, ni en otros países de economías pobres.  En efecto, según el texto escrito por Paula Jure, el acceso a Internet es muy bajo en muchas regiones rurales y alejadas de los grandes centros urbanos de nuestro país.  En 2007, según estadísticas oficiales –que no abundan demasiado- había 16.000.000 de usuarios (no de conexiones), es decir aproximadamente la mitad de la población argentina utiliza Internet.  Pero, lo más llamativo es que el 43% de los usuarios de todo el país está concentrado en el Área Metropolitana de Buenos Aires.  Con estos datos queda claro, que todavía Internet dista mucho de ser tan “masivo” como la radio y la televisión.  No obstante, todo indicaría que va hacia ese camino, ya que el crecimiento anual es muy acelerado.

     Otro tema a considerar es la diferencia entre los usuarios nativos y los que no lo son, denominados inmigrantes de la cultura digital.  Si bien esta distinción deberíamos hacerla para todas las nuevas tecnologías, es evidente que mucha gente de la llamada “tercera edad” no maneja Internet ni celulares. Aunque hay un segmento que se adaptó a estos nuevos medios o dispositivos (como denomina Verón a los celulares,  teléfonos, CD, entre otros), debido a razones laborales –para no quedar afuera de su ámbito profesional- o familiares –porque sus hijos están en el exterior y el e-mail es la única forma de estar en contacto permanente con ellos-.   Sin embargo, la mayoría de los adultos mayores no están familiarizados con estas nuevas prácticas comunicacionales y la brecha en el uso y conocimiento de estos medios es todavía enorme, entre nativos e inmigrantes.

     Pero el hecho de que no todos tengan acceso a estas nuevas tecnologías no significa que el mapa actual no cambie dentro de poco tiempo.  En efecto, los avances tecnológicos van a pasos agigantados y quienes no se adapten a estos nuevos medios y formas de comunicación, corren el riesgo de quedarse “afuera” de la sociedad y los grupos sociales a los que pertenecen.

     Un indicio de esto es el auge que tuvo y tiene el celular en nuestro país, donde hay más de 40.000.000 de líneas activas, lo que indica que al menos hay un celular por persona en Argentina.  Y esa pantalla, devenida en verdadero objeto cultural multifunción, provocó cambios de hábitos significativos en nuestra sociedad.  En parte, quizás porque las empresas de telefonía móvil cada vez le incorporan más funciones a estos aparatitos –que son más pequeños y adaptables-.  Por supuesto, que esto tiene una explicación comercial, ya que el uso es pago –a diferencia de la gratuidad de Internet- y las empresas alientan a los usuarios a que consuma.

     Por eso, los adolescentes son el target preferido.  Y esos mismos adolescentes y niños son nuestros alumnos, con quienes debemos luchar para que dejen de utilizar ese fetiche en nuestras clases; aunque para ellos es como pedirles que no utilicen una parte importante de su cuerpo, al que lo tienen incorporado.  Sacarles el celular es casi como mutilarlos, o dejarlos desnudos ante los demás.  

     Valorado y defenestrado por varios autores y docentes, el celular, si bien no es un medio de comunicación en sentido estricto, tan sólo un dispositivo,  pronto quizás sea utilizado como medio masivo.  De hecho, hay muchos autores que señalan que en un futuro no muy lejano las pantallas de la computadora, de la televisión y  de los celulares estarán integradas en un solo medio.

     En efecto,  de todos los cambios y transformaciones que aportaron las  nuevas tecnologías de la comunicación, el celular es el dispositivo que creció más rápidamente y generó cambios muy profundos en las conductas de las personas.  Entre las críticas que se le hacen, figura en primer lugar la falta de contacto personal,  debido al uso extendido de los mensajes de texto, en especial entre los más jóvenes.

     Sin embargo, Gustavo Efron realizó una investigación entre estudiantes de escuelas secundarias de  Capital y Gran Buenos Aires, en la que quedó demostrado que la mayoría de los adolescentes utilizan los sms y el Chat, pero que de ninguna manera estas prácticas reemplazan el contacto personal.  De hecho, la mayoría de los entrevistados manifestó que prefieren una reunión entre amigos, antes que chatear por Internet o sólo enviar mensajes de texto.

     Pero, una cosa no quita la otra.  Como conclusión, me gustaría destacar que coincido con Eliseo Verón y Mirta Varela en que los cambios y transformaciones de nuestro tiempo no significan una ruptura sustancial y total con las anteriores formas de comunicación.  Más bien se observa una especie de cultura híbrida – en el sentido de “mezcla”, en que la define Néstor García Canclini-, donde coexisten hábitos y costumbres más antiguas con nuevas tecnologías que cambian nuestras formas de comunicación y dan nuevos significados a nuestras vidas. 

 

Lic. María Cecilia Pelle