Trashumancia y reclusión en la persona del poeta Jacobo Fijman.Con las alas del alma Por Sergio Breccia

31.01.2012 19:37

 

 

 

De ronda. Siempre anduvieron por el vecindario. En algunas épocas fueron parte de la marquesina de las industrias culturales y, en especial, de la literatura. La connivencia entre el arte, el  creador iluminado y la salud mental ha servido para ejercer una fascinación no siempre comprensible. ¿A qué se refería Platón cuando consideraba la ''manía'' -la exaltación del alma- un don divino que convertía a los poetas en seres tocados por la luz .para poder llevar a cabo sus obras.? Entre tanto papel picado sobre el tema, ya en 1811, Benjamin Rush, pionero norteamericano de la psiquiatria, líder abolicionista de la esclavitud y un personaje interesante de la incipiente actividad científica en Estados Unidos de los siglos XVIII y del XIX,  intentaba abordar sobre algo muy parecido al hablar de la liberación de la fuerza creadora que acaece en la locura: ''Por razón de la exaltación preternatural, que no enfermedad, de una parte del cerebro, la consciencia adquiere no sólo una fuerza y una agudeza inusuales, sino que además descubre en sí dotes de las que nunca antes había dado muestra''.Rush comparaba la esquizofrenia con un movimiento sísmico que hacía saltar por los aires las placas pétreas del espíritu civilizado, revelando toda una energía contenida, ''valiosos y espléndidos fósiles'', según sus propias palabrasEsta perspectiva de la enfermedad psíquica teñida de una impronta romántica – sacrílega y sacralizada - retorna de tanto en cuanto y, aunque es discutible su contribución para la creación artística la sola condición un individuo enfermo no convierte a la enfermedad en fuente creativa. La autora española María Teresa Vilariño concibe que para poder conocer la relación del arte con la locura en el actual contexto que va dejando la pleamar de la posmodernidad es importante conocer de principio como es percibido el arte contemporáneo. Lo define de manera tan fragmentaria como si fuese un mosaicista bizantino o bizarro: troquelado, disoluto, onírico, infantil, lúdico, vanidoso, sarcástico,  irónico, la suspensión del tiempo fuera de la historia, la soledad, tantos espacios en blanco que reúnen en sí mismos la dualidad de lo lleno y lo vacío, el fin, el grado cero y la plenitud y sigue... como una función exasperante que tendiera a infinito. Dentro de esta concepción posmoderna del mundo en la que el cuerpo se ha desfigurado a través de la fealdad hasta rayar en la monstruosidad pareciera que las relaciones personales se han revertido caóticas. La intelligentzia voiyeurista apoltronada en los enclaves mediáticos ha convertido el espectáculo omnímodo en forma de vida y el dolor de vivir controla nuestro recorrido diario. Conviven en estas mitologías efímeras lo grotesco, la melancolía, la nostalgia, la desaparición, el azar, lo aleatorio, la indeterminación, la alucinación, la idiotez, la locura o lo híbrido. Todos y ninguno revelan el poder de los afectos y constituyen las condiciones de la creatividad.Sin embargo un tema tan vasto no debe hacernos olvidar que al analizar las motivaciones y el origen que da lugar a todas las expresiones creativas hay preguntas que difícilmente tengan respuesta. Dicho en términos del poeta Vicente Zito Lema ¿Por qué el hombre tiene necesidad de expresarse, por qué las formas tradicionalmente codificadas del arte – poesía, pintura, danza, música... – persisten a través del tiempo? Todo lo referente a la cultura, sostiene el autor, y por ende al arte, a las formas de expresión de los hombres debe ser enfocado teniendo presente su carácter temporal y su necesaria relación con la situación socioeconómica del medio.Es precisamente el medio en el que se conjugan arte y locura el que muchas veces ha sido dejado de lado. De ahí que es importante ver cómo las expresiones de los internos en los hospicios son también un reflejo de las condiciones materiales de reclusión y opresión y no una mera categoría ontológica que refleja un mundo sublunar y onírico, fruto de raptos lumínicos de inspiración.¿Cómo hacen los reclusos para trascender individual y colectivamente el estado de olvido y abandono que sufren? Una vez más el hombre, aún en las condiciones más desfavorables, continúa buscando la comunicación con los demás hombres, dando testimonio de su situación histórica, generando emoción y asombro. Lo hace a través de las formas tradicionales aceptadas como arte, pero también a través de graffitis, muñecos, garabatos o simples manifestaciones orales que intentan ser un puente entre una interioridad agobiada y oprimida y un mundo circundante a menudo ominoso.Trashumancias y encierros.Hay tradiciones literarias que reducidas a sus esquemas más simples construyen arquetipos o lugares comunes en torno a ciertos autores y sus obras. Un tópico recurrente es aquel que versa acerca de la producción artística de las personas con problemas mentales. Esta idea romántica de que el proceso creativo y la genialidad están estrechamente ligados con la locura ha tenido su argumentación en los muchos ejemplos de genios artísticos diagnosticados y recluidos que han hecho parte de la historia. ¿Hasta dónde es la caída al precipicio la que juega su factor determinante o es la que hace su parte con el proceso creativo?. Un espejo en el que mirar espantos y poéticas es la vida de trashumancia y reclusión del poeta Jacobo Fijman. Muchas de sus historias se esparcen como retazos de un espejo quebrado en viejas revistas y páginas de Internet que reescriben algunos de los testimonios recogidos por el poeta Vicente Zito Lema  en el N° 11 de la revista Crisis de marzo de 1974. Zito Lema, demiurgo del universo Fijman escribió los primeros trazos gruesos de una vida y una obra única: desnuda, conmovedora.. Muchas historias como esta circulan en páginas de la web clonando párrafos en palimpsestos digitales que vuelven a decir lo que ya otro relató. Se dice que nació en 1898 en Besarabia, Rusia —hoy Rumania— y falleció cuando plañía la década de los 70 del siglo pasado y recién los espíritus empezaban a regodearse con la ferocidad que vino después.Lejos del fárrago con el que se abría la década en aquel oscuro loquero donde había permanecido décadas se apagaba una lámpara tan débil como necesaria.  Atrás quedaba un viaje perturbador a una distante Buenos Aires en 1902 y un destino trashumante que lo llevó con su familia a Río Negro dondesu padre cargó sobre sus hombros el pesado oficio de tender durmientes y rieles ferroviarios.

 

 

Cinco años más tarde llega a la localidad bonaerense de Lobos: en cuyo precario terruño pasan sus años escolares y en 1917, con 19 años, no sabemos si los polvorientos caminos a Cañuelas o los ronquidos de las locomotoras lejanas lo llevaron a los umbrales de Buenos Aires donde moneda a moneda, noche tras noche pudo graduarse como profesor de francés. Estudió filosofía, leyes, matemática, gramática, medicina y astrología. Una voracidad de conocimientos casi caótica hará que investigue tanto a los maestros de la patrística.Amplía su corazón trashumante. Se gana la vida como periodista, como músico ambulante – notable violinista -  no descansa recorriendo el país e incluso recala en el Chaco Paraguayo donde llega a desempeñarse como capataz de un aserradero. En 1921 es detenido arbitrariamente por la policía, maltratado y violentado. Sería en los cerriles muros de Villa Devoto donde  conocería las primeras sombras de una reclusión que le detendrá su reloj espiritual la mayor parte de su vida. De ese primer pozo es remitido al Hospicio de las mercedes a donde ingresa un 17 de enero de 1921. Los fantasmas rondaron temprano por sus emociones, sus silencios y sus miedos. Su primer descenso a aquellos infiernos tiene epílogo el 26 de julio en 1921. Zito Lema sostiene que los castigos a los que fue sometido, la despiadada aplicación del electroshock sobre su carne lírica, marcarían su cuerpo y su espíritu e influirían decisivamente en toda su vida.En 1923 se integra al universo literario martinfierrista donde conoce a Girondo, Marechal, Macedonio Fernández y Borges. Sus trabajos trascienden las páginas  de varias e importantes publicaciones de la época: Vida nuestra, Mundo Argentino, Revista Número, Martín Fierro, Arx y Crítica. Corría el año 1928 y, por intermedio de Oliverio Girondo, viaja a Europa y conoce a la pléyade surrealista. De vuelta en Buenos Aires, con una inmensa crisis espiritual y fundamentalmente religiosa, se bautiza en la fe católica. Contemporáneamente escribe su obra “Hecho de estampa” y, en 1931, de regreso de su segundo viaje a Europa durante el cual intentara infructuosamente ordenarse como sacerdote, publicó su último libro, Estrella de la mañana. 1942 fue el año de su segunda y definitiva reclusión en el Hospicio de las Mercedes (hoy Hospital Borda) donde permaneció hasta su muerte. Según nos cuenta Zito Lema, esta segunda caída lo encontraría en un estado de completo desamparo: sin trabajo, sin familia y sin amigos. Durante algunos períodos escribió obsesivamente con lagunas creativas. Dibujaba compulsivamente. Constantemente procuró sostener su dignidad de poeta trashumante y espíritu austero. A pesar de todo, sobreponiéndose a todo prosiguió en su búsqueda lírica tanto en el verso como en el desolado trazo de sus dibujos; una línea equilibrada y fría pero a la vez generadora de un mensaje estremecedor, de una profunda herida de dolor.En los escritos de Vicente Zito Lema  y Juan Jacobo Bajarlía, se puede encontrar a quienes han hecho posible que la persona y la obra poética de Jacobo Fijman no haya quedado a la deriva. A más de un año de haberlo entrevistado, Vicente Zito Lema: recordaba que lo que más le había impresionado en Fijman era su humor corrosivo, en el sentido estricto de humor surrealista. Su autenticidad de poeta, que trascendía hasta en los menores gestos. “¡Qué le ha determinado estas formas de vida, estos castigos sobre su persona! Y su bondad, más allá de los policías que lo castigaron; más allá de los jueces que lo privaron de su libertad; más allá de los psiquiatras que le descargaron su odio y su propia enfermedad; más allá de los que supieron de su situación y nada hicieron. La enorme bondad de Jacobo Fijman equilibrando tantas de nuestras maldades, perdonándonos”.

 

 

Su  poesía no es de barricada ni de ventanales al viento: es un llamado a la más honda intimidad, una elegía a la inocencia a través de una música simbólica y celebrativa. Paulatinamente, casi en puntas de pie, continuó su trashumancia, dejando atrás a sus compañeros de ruta de la generación del 22. se despojó de metáforas y fue un iconoclasta de estrofas cerradas para buscar siempre el aire nuevo de un imaginario absolutamente lírico. Para él  la imagen es la verdadera creación, es una invención, mientras la metáfora es una mera comparación entre las cosas. Su singularidad radica no sólo en la materia de estas imágenes, sino en la autenticidad de su camino, según él, el más alto y más desierto.Caminar junto al poeta su trayectoria vital y literaria nos hace pasar siempre frente al paredón del Borda. Pero hay otro paisaje tan profundo como inquietante y es el de sus itinerarios espirituales, a la vez una senda mística y metafísica, que lo condujo desde su judaísmo de origen a la conversión al catolicismo.Su presencia en el hospicio de las Mercedes - más allá de los perfiles clínicos que lo redujeron a “un caso” entre tantos otros que archivaron sus huesos tras las paredes llenas de verdín – no puede escindirse de su obra poética y de su búsqueda místico-metafísica. Este exilio le permitió zanjar un mundo del otro y cercar sus días para trazar nuevos senderos, nuevos destinos:"Demencia: el camino más alto y más desierto" Un itinerancia como poeta místico e iluminado no es una caminata inocua por ciertas formulas poéticas y ciertas alternancias con la producción literaria. Su sendero espiritual no fue una adhesión encapsulada a una liturgia dorada ni a dogmas redentores. Tal vez no fue tanto en busca de una religión, en el sentido convencional y exterior que tiene generalmente esa palabra, sino en una atmósfera simbólica e intelectual para darle una verdadera transhumancia a su persona. La poesía, su peregrinaje espiritua,l la creciente distancia del extramuros hospitalario fueron vías de acceso a un conocimiento que no buscó pero que sí alcanzó y encontró. Tal vez un lustro bastó para dar a luz tres de sus libros más significativos: Molino rojo, Hecho de estampas y Estrella de la mañana;  aparecidos en 1926, 1929 y 1931 respectivamente. Como sostiene Daniel CalmelsFijman se refiere a la locura como un camino alto y desierto. Esta cualidad de altitud e inmensidad, de vacío, que cualifica su visión de la demencia va a ser acompañado por otras dos propiedades: el silencio y el frío, términos que cobran una presencia reiterada en sus poemas. Entonces estos cuatro términos, altura, desierto, silencio y frío, van a constituirse en cuatro pilares sobre los cuales se va a edificar una poética de la desolación. Escribe Fijman: “Demencia el camino más alto y más desierto”. Podemos pensar la altura como un inalcanzable que nos remite a un sentimiento de soledad que se refuerza con contundencia cuando se le agrega el término desierto, ámbito que a diferencia del pozo no tiene costados. Además esta altura es la de un camino, espacio de transito, de pasaje, lejano al lugar de asentamiento, estancia, contrario al apoyo constante. Lo esencial de Molino Rojo es el tratamiento de la desolación entendida como falta de apoyo y sostén.